Saturday, May 2, 2015

El caos y Dios

El caos y Dios

El caos verdadero es cuando Dios es negado una vez conocido.  El caos es causado por la simple separación y no conocer la razón verdadera por la separación.  Cuando uno nació, uno nació en un ambiente cual uno no conoció, aunque uno en verdad lo sintió o lo escuchó.  Pero la simple separación del vientre en verdad causó caos al recién nacido y él tuvo que ser consolado y ser también acariciando para que no solo el recién nacido se calmara pero que aquellos dando el consuelo y la acaricias fueran también calmados.  Si el recién nacido no se pudo calmar, pues caos o pánico llegaría a aquellos dando consuelo porque ellos no sabrían que hacer próximo, ¡tal vez esperar que el recién nacido se cansara de llorar o de estar en caos!

Y pues el caos es en sí falta de conocimiento o falta de entendimiento, ¡falta de conocimiento verdadero o falta de entendimiento verdadero!  Pero una vez haga conocimiento verdadero o haga entendimiento verdadero, pues no hay más caos.  De hecho, conocimiento verdadero o entendimiento verdadero hace a uno al igual que a otros como sí que nunca hubo algún caos o como si nunca hubo alguna separación porque el conocimiento verdadero o el entendimiento verdadero ha puesto a todos como también a todas las cosas como si en un nuevo pero un sitio muy familiar porque el conocimiento verdadero o el entendimiento verdadero ha llenado a todos con gozo verdadero y con alegría verdadera y ¡pues gozo verdadero y alegría verdadera han dado renacimiento a todos aquello en vueltos!

Ahora bien, ¡lo mismo como un recién nacido es con Dios!  Dios en verdad es de acuerdo al mismo conocimiento o es de acuerdo al mismo entendimiento verdadero de Dios cual uno le dé a Dios.  Y aunque Dios es conocimiento verdadero, Dios responderá o Dios actuará de acuerdo al conocimiento o al entendimiento de Dios, ¡verdadero o no!  Ese es el motivo en verdad que uno tiene que reconocer a Dios con conocimiento verdadero o con entendimiento verdadero o con reconocimiento de Dios para que uno pueda beneficiarse de Dios.  Y si uno reconoce a Dios correctamente, ¡pues uno en verdad sentirá Su amorosa presencia o Su amorosa gracia con gozo verdadero y con alegría verdadera y Dios en se mismo momento prometerá con Su propia voz a uno algo muy grande!

Pero después de la gran promesa o de lo prometido por muy grande, ¡llega el caos en la simple forma de separación porque el gozo y la alegría se han ido y uno se siente muy afligido!  Y el ambiente y las cosas en él se sienten diferentes, ¡como si uno acabado de llegar y a uno le faltara el conocimiento para entender la razón por la gran separación o por el gran caos cuando una vez hubo tanto gozo y tanta alegría y la muy gran promesa o la muy gran recompensa cuando en verdad reconociendo a Dios!

Ahora bien, ¡el caos o la separación es para reformar o es para refinar a uno en la promesa o en la recompensa prometida por Dios!  Pero si uno no se reforma o no se refina en la promesa o en la recompensa, pues uno aun recibirá lo que fue prometido a uno como uno cree o se le dará a uno la gran recompensa como uno cree.  Eso es, si Dios le prometió a uno que nada le faltará a uno o que muy grande sería la recompensa de uno y uno no toma la forma o la reforma de esa misma promesa o de esa recompensa, pues Dios hará todo lo posible para que a uno nada le falte según uno cree que nada le faltará a uno.  Y en el caso de la recompensa pues sería uno recompensado con la recompensa que uno desea porque uno mismo no puede lograr por algún estado de falta o de enfermedad.  Pues la muy simple razón es que como uno en verdad reconoció a Dios como Dios, ¡Dios también cree como uno que uno cree o que uno entiende porque uno es conocimiento verdadero como Dios también es conocimiento verdadero y Dios en verdad espera por aun más reconocimiento verdadero de uno!

Porque en verdad, ¡uno es la muy grande promesa o uno es la muy grande recompensa cuando uno salga reformado o refinado del caos o de la separación y uno es reconocido por Dios como uno reconoció a Dios!

Tomado de: Versos de Nebayot por Forester de Santos

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