Friday, February 27, 2015

La Aflicción Verdadera

La Aflicción Verdadera

La separación o el despegue en verdad causa o crea aflicción o caos pero es una aflicción o un caos sin intención o es en verdad una aflicción o un caos involuntario porque la aflicción o el caos simplemente es por falta de conocimiento verdadero y falta de consuelo amoroso de ese nuevo ambiente o de ese nuevo estado emocional, ¡que también se le puede llamar desolación!

Cuando uno con todo gozo y con toda alegría sale de la amorosa gracia o de las entrañas de un hombre y entra a la vientre o a las entrañas de una mujer, pues una entra en aflicción porque en ese vientre o en las entrañas de una mujer uno está en caos y por uno estar en caos pues uno en verdad con todo movimiento posible y con todo gozo y con toda alegría que aún queda busca conocimiento verdadero y consuelo, aunque sea consuelo de paz.  Y cuando uno en verdad logra conocimiento y también logra la paz, uno se acostumbra a ese vientre o a esas extrañas de esa mujer y en ese vientre o en esas entrañas uno comienza a tomar la forma en paz del conocimiento que uno mismo logró y ya el caos que había por la separación o por el despegue de la amorosa gracia de aquel hombre como que nunca hubo caos ni tampoco hubo despegue o separación.

Cuando uno con todo gozo y con toda alegría toma la posición de humillación para salir y sale del vientre o de las entrañas de aquella mujer, pues uno sale o entra al mundo en una muy nueva aflicción o desolación o un nuevo caos involuntario por causa de la separación o del despegue del vientre o de las entrañas de aquella mujer.  Y según el conocimiento que uno fue formado en pues uno será reconocido y consolado y uno descansará en paz, y de nuevo será para uno como que uno nunca nació en el caos que había después de la separación o del despegue por causa del reconocimiento y del consuelo concedido a uno.

Ahora bien, cuando uno en verdad busca de Dios y Dios a uno le permite acercamiento y con ese acercamiento de Dios, Dios también le permite a uno iluminación pues uno está en verdad y uno en verdad siente la amorosa gracia o presencia de Dios.  En ese acercamiento o en esa amorosa gracia de Dios uno está en un profundo gozo y en una profunda alegría, que salen de Dios y uno los siente, ¡y uno está como si en las entrañas de Dios!

En ese acercamiento o en esa amorosa gracia de Dios, Dios le concede a uno conocimiento con todo gozo y con toda alegría.  El gozo y la alegría de Dios es el amoroso consuelo que uno en verdad recibe de Dios y el conocimiento de Dios es una grandiosa promesa que Dios en verdad le promete a uno.  Pero después del conocimiento, del consuelo y de la grandiosa promesa viene la separación o el despegue de Dios o de la amorosa gracia de Dios.

Con este despegue o con esta separación de la amorosa gracia de Dios pues viene un muy nuevo caos involuntario o una muy nueva aflicción porque uno en verdad ha renacido o uno ha entrado en estado de amado de Dios y Dios no está para dar conocimiento y consuelo a su amado para que su amado se transforme o sea reformado en la grandiosa promesa que en verdad tiene que ver toda con Dios.

Esta aflicción o esta desolación es verdadera aunque no ha propósito o es involuntaria, pero si es causada por la separación o el despegue de la amorosa gracia de Dios y no es una aflicción o no es una desolación que uno en verdad eligió o que uno prefiere aunque en ella uno entró.  Y la única forma de salir de esta aflicción o de esta desolación es con reconocimiento de Dios pero la aflicción o la desolación no se puede ignorar aunque sea involuntaria porque en ella uno está tomando la grandiosa forma o reforma que será en verdad completada con Dios.

Ahora bien, cualquier otra aflicción o desolación que sea hecha por uno mismo para tratar de evitar la aflicción de Dios es una aflicción falsa pero aunque sea una aflicción falsa, esa aflicción falsa en verdad atrasará la promesa de Dios con uno.  Y una aflicción hacia uno mismo es por falta de conocimiento verdadero de Dios porque Dios aflige a uno solamente por la falta de Dios en uno después que uno llega a recibir conocimiento de Dios y por ese conocimiento de Dios uno llega a ser amado de Dios y por uno ser amado de Dios pues uno es afligido en verdad y uno no tiene que afligirse uno mismo.  Cualquier aflicción que uno se haga a uno mismo es una aflicción vana y es una aflicción para nada.


En otras palabras, negarse algo o afligirse a uno mismo solamente es negarse algo o es afligirse a uno mismo y nadas más.  También, aquel que aflige a uno por negársele a uno, aunque uno sufre esa falta o esa aflicción, no es una falta o una aflicción verdadera porque uno en verdad puede salir de esa falsa falta o de esa falsa aflicción con tan solo salir o despegarse de esa falsa falta o de esa falsa aflicción…

Tomado de: Versos de Nebayot por Forester de Santos

No comments:

Post a Comment