La
Aflicción Verdadera
La separación o
el despegue en verdad causa o crea aflicción o caos pero es una aflicción o un caos
sin intención o es en verdad una aflicción o un caos involuntario porque la
aflicción o el caos simplemente es por falta de conocimiento verdadero y falta de
consuelo amoroso de ese nuevo ambiente o de ese nuevo estado emocional, ¡que
también se le puede llamar desolación!
Cuando uno con
todo gozo y con toda alegría sale de la amorosa gracia o de las entrañas de un
hombre y entra a la vientre o a las entrañas de una mujer, pues una entra en
aflicción porque en ese vientre o en las entrañas de una mujer uno está en caos
y por uno estar en caos pues uno en verdad con todo movimiento posible y con
todo gozo y con toda alegría que aún queda busca conocimiento verdadero y
consuelo, aunque sea consuelo de paz. Y
cuando uno en verdad logra conocimiento y también logra la paz, uno se acostumbra
a ese vientre o a esas extrañas de esa mujer y en ese vientre o en esas entrañas
uno comienza a tomar la forma en paz del conocimiento que uno mismo logró y ya
el caos que había por la separación o por el despegue de la amorosa gracia de
aquel hombre como que nunca hubo caos ni tampoco hubo despegue o separación.
Cuando uno con
todo gozo y con toda alegría toma la posición de humillación para salir y sale
del vientre o de las entrañas de aquella mujer, pues uno sale o entra al mundo
en una muy nueva aflicción o desolación o un nuevo caos involuntario por causa
de la separación o del despegue del vientre o de las entrañas de aquella mujer. Y según el conocimiento que uno fue formado
en pues uno será reconocido y consolado y uno descansará en paz, y de nuevo
será para uno como que uno nunca nació en el caos que había después de la separación
o del despegue por causa del reconocimiento y del consuelo concedido a uno.
Ahora bien,
cuando uno en verdad busca de Dios y Dios a uno le permite acercamiento y con
ese acercamiento de Dios, Dios también le permite a uno iluminación pues uno
está en verdad y uno en verdad siente la amorosa gracia o presencia de
Dios. En ese acercamiento o en esa
amorosa gracia de Dios uno está en un profundo gozo y en una profunda alegría,
que salen de Dios y uno los siente, ¡y uno está como si en las entrañas de
Dios!
En ese
acercamiento o en esa amorosa gracia de Dios, Dios le concede a uno
conocimiento con todo gozo y con toda alegría.
El gozo y la alegría de Dios es el amoroso consuelo que uno en verdad recibe
de Dios y el conocimiento de Dios es una grandiosa promesa que Dios en verdad le
promete a uno. Pero después del
conocimiento, del consuelo y de la grandiosa promesa viene la separación o el
despegue de Dios o de la amorosa gracia de Dios.
Con este
despegue o con esta separación de la amorosa gracia de Dios pues viene un muy
nuevo caos involuntario o una muy nueva aflicción porque uno en verdad ha
renacido o uno ha entrado en estado de amado de Dios y Dios no está para dar
conocimiento y consuelo a su amado para que su amado se transforme o sea
reformado en la grandiosa promesa que en verdad tiene que ver toda con Dios.
Esta aflicción o
esta desolación es verdadera aunque no ha propósito o es involuntaria, pero si
es causada por la separación o el despegue de la amorosa gracia de Dios y no es
una aflicción o no es una desolación que uno en verdad eligió o que uno
prefiere aunque en ella uno entró. Y la
única forma de salir de esta aflicción o de esta desolación es con
reconocimiento de Dios pero la aflicción o la desolación no se puede ignorar
aunque sea involuntaria porque en ella uno está tomando la grandiosa forma o
reforma que será en verdad completada con Dios.
Ahora bien,
cualquier otra aflicción o desolación que sea hecha por uno mismo para tratar
de evitar la aflicción de Dios es una aflicción falsa pero aunque sea una
aflicción falsa, esa aflicción falsa en verdad atrasará la promesa de Dios con
uno. Y una aflicción hacia uno mismo es
por falta de conocimiento verdadero de Dios porque Dios aflige a uno solamente
por la falta de Dios en uno después que uno llega a recibir conocimiento de
Dios y por ese conocimiento de Dios uno llega a ser amado de Dios y por uno ser
amado de Dios pues uno es afligido en verdad y uno no tiene que afligirse uno
mismo. Cualquier aflicción que uno se
haga a uno mismo es una aflicción vana y es una aflicción para nada.
En otras
palabras, negarse algo o afligirse a uno mismo solamente es negarse algo o es afligirse
a uno mismo y nadas más. También, aquel
que aflige a uno por negársele a uno, aunque uno sufre esa falta o esa
aflicción, no es una falta o una aflicción verdadera porque uno en verdad puede
salir de esa falsa falta o de esa falsa aflicción con tan solo salir o
despegarse de esa falsa falta o de esa falsa aflicción…
Tomado de: Versos
de Nebayot por
Forester de Santos
No comments:
Post a Comment