El
camino al renacimiento, parte 6 de 12
Por uno nacer y
uno nacer vivo, uno fue en verdad alabado o confirmado a la vida por vivo. Por uno llegar a creer y decir padre, uno fue
en verdad alabado del padre. Por uno
escuchar como alabado o el amado del padre, el padre llamó a uno alabado o
amado del padre y uno en verdad sintió con todo gozo y con toda alegría el amor
verdadero del padre, que también es alabado o amado de uno, uno en verdad alabó
con todo gozo y con toda alegría al padre, ¡haciendo así al padre amado de uno!
Pero esa
alabanza de uno hacia al padre amado en verdad puso a uno en pruebas y en
tentaciones no solamente con el mismo padre amado pero también esa alabanza de
uno hacia al padre amado puso a uno en pruebas y en tentaciones con los mismos
amados de uno y hasta con los mismos conocidos de uno. Y mientras ellos se burlaban y se reían de
uno, el padre amado se alejaba y dejaba a uno también en una desolación, ¡en
una desolación que hacía a uno en verdad llorar pero no de gozo ni de alegría!
Pero mientras
uno en verdad estaba en desolación, pues el padre amado también en verdad lo
estaba por no poder consolar o no poder mostrar a uno como alabado o como amado
en verdad su amor verdadero hasta que uno no fuera en verdad formado o
transformado por ella y una vez uno en verdad estuviera formado o transformado
por ella, ¡por ella humillarse y pedir para por ella o de ella salir!
Porque en
verdad, de la misma alabanza que en verdad haga uno como alabado de Dios o como
amado de Dios hacia a Dios como Padre amado, ¡pues de ella saldrá o quedará uno
amado como salvador amado del Padre amado y las mismas pruebas, las mismas
tentaciones y hasta la misma desolación como que si nunca hubieran pasado por
uno amado en verdad salir o quedar como si por siempre nuevo o renovado!
© 2014, Forester de Santos
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